📓 Libretas vacías
📓 Libretas vacías
Estoy aquí mirando mi libreta Moleskine. Negra, con las hojas en blanco. Ni puntos, ni rayas, ni cuadros. Blanca, como el futuro que tengo por delante.
Me encanta el mundo de la papelería: libretas, bolígrafos, rotuladores. Tengo muchas. Demasiadas, probablemente. La mayoría siguen prácticamente nuevas.
Y nunca encuentro esa idea especial, ese proyecto importante o esa razón suficiente para justificar escribir la primera página. Como si al hacerlo estuviera tomando una decisión demasiado definitiva. Como si tuviera que terminarla entera, sin poder cambiar de dirección, condenada para siempre a lo que pusiera al principio.
Me gusta tener libretas en blanco porque representan posibilidades. Mientras están vacías pueden ser cualquier cosa: un diario, un cuaderno de viaje, ideas para el blog, bocetos, listas, sueños… incluso algo que todavía no se me ha ocurrido.
Una libreta vacía puede ser mil cosas distintas. Pero en cuanto escribes la primera palabra empiezan los tachones, las páginas arrancadas, los cambios de opinión, lo que empiezas y nunca terminas. La realidad, vaya. Y quizá por eso me cuesta tanto empezar: porque empezar es elegir. Es renunciar a todos esos futuros imaginarios y quedarte con uno imperfecto.
Estos días me he dado cuenta de algo. Una libreta vacía es solo papel esperando una vida que nunca llega. Y creo que ha llegado el momento de empezar a escribir en ellas. Sin obsesionarme con los tachones, ni con arrancar páginas, ni con cambiar de dirección a mitad de camino. Al final, una libreta bonita no merece quedarse perfecta en una estantería. Y con la vida pasa un poco lo mismo, supongo.
Durante mucho tiempo pensé que tenía que esperar al momento adecuado: la idea perfecta, el plan correcto, estar completamente segura. Pero quizá nunca se trató de eso. Quizá no va de conservar intactas todas las posibilidades, sino de atreverte a elegir algunas y aceptar que vendrán con errores, dudas y cambios de rumbo.
Así que la próxima vez que abra esta Moleskine no buscaré la idea perfecta. Simplemente escribiré la primera línea. Y veremos qué pasa.